Analizado: Sylvia Plath, “Partida”

Sylvia Plath, “Partida

 

Los higos de la higuera del patio son de color verde;

Verde, también, las uvas en la parra verde

que hace sombras en las baldosas de ladrillos del porche.

El dinero se acabó.

 

Cómo la naturaleza, percibiendo esto, compone sus amarguras.

Sin gracia, sin pena, nuestra despedida.

El sol brilla en el maíz inmaduro.

Gatos juegan escondidos en los tallos.

 

La retrospectiva no debería ser con frecuencia tan penosa-

Bronce de sol, pátinas de acero de la luna,

El desecho plomizo del mundo-

sin embargo siempre expuesto

 

La península de roca áspera esconde la bahía azul de la ciudad

Contra ella la fuerza del mar abierto

late, es brutal continuamente.

Foul de gaviota, un nido de piedra

 

deja al descubierto su bajo dintel a las aguas corrosivas:

A través de la protuberancia ocre de la piedra

cabras arrastran los pies, morosas, pelo rancio

de succionar sal marina.

 

Sylvia Plath nació el 27 de octubre de 1932 en Boston, Massachusetts en la família de los maestros Otto Emil Plathy Aurelia Schober. Con pocos años comenzó a escribir poesía. Siendo una niña frágil y sensible, le afectó mucho la muerte de su padre en 1940. Sufrió habituales depresiones y varios desórdenes mentales desde su adolescencia.

En el período de su estancia en Smith College de Northhampton, intentó suicidarse por primera vez. Más tarde, tras conseguir una beca Fulbright, viajó a Inglaterra para acudir a la Universidad de Cambridge. En 1956 y en el Reino Unido conoció a Ted Hughes, con quien se casó el 16 de junio de 1956. Ambos tuvieron dos hijos, Frieda, nacida en 1960, y Nicholas, quien nació en 1962. Su luna de miel la pasaron en España.

Su primer título publicado fue el poemario El Coloso (1960). Su principal libro es su novela La Campana de Cristal (1963), de carácter autobiográfico y firmada con el seudónimo de Victoria Lucas. Poco tiempo después de la aparición de este libro, Sylvia, poeta y novelista de gran sensibilidad y rica imaginería que se convertió en un icono feminista, se suicidó el 11 de febrero de 1963 en Londres. Tenía 30 años y su depresión crónica, su inestabilidad emocional y el affaire amoroso de Hughes con Assia Guttman acrecentaron una vulnerabilidad que llevó a la muerte a la joven Sylvia. Los libros de poemas Ariel (1965), uno de los títulos clave en su bibliografía, Cruzando El Agua (1971) y Árboles Invernales (1972) se editaron ya después de su muerte.

En 1981 se le otorgó a título pótumo el Premio Pulitzer por su obra poética recogida en Poemas Completos y un año después aparecieron sus Diarios (1982). También se ha publicado un libro de relatos titulado Johnny Panic y La Biblia de Sueños.

La vida de Sylvia Plath fue corta, pero llena de acontecimientos y emociones de todo tipo. Sabemos que sufrió mucho tras la muerte de su padre y infidelidad de su marido, que la dejó completamente sóla con dos niños pequeños, pero también tenía tiempos felices y de uno de esos momentos trata el poema “Partida”. Sylvia Plath escribió “Partida” en 1956, el año en que se casó con Ted Hughs. Pasaron la luna de miel en Benidorm y, como resultado, Sylvia Plath dedicócuatro de sus poemas a la villa turística donde vivían los recien casados. Esas composiciones poéticas son “Melones de fiesta”, “Los mendigos”, “Partida”, de 1956, y “Las rederas” de 1959, todas las cuales tienen una vinculación directa con Benidorm y se enmarcan en la segunda etapa creativa de Plath.

En “Partida” nos encontramos con una discripción un tanto autocrítica, ya que el poema habla de que durante su estancia en España se les acabó dinero a los recien casados y tuvieron que irse. Hay que mencionar, que estamos en el Benidorm de 1956 y ante una escena que seguramente vio la autora y que le sugirió esta imagen poética. “Partida” hace referencia a la marcha de los recién casados de la pequeña villa, pues la poeta describe lo que ve al irse, su último recuerdo de este sitio fresco, soleado, impregnado de sabor marino.

En la segunda estrofa, el primer verso dice: “La retrospectiva no debería ser con frecuencia tan penosa”.La clave de todo el poema está en la idea de que el recuerdo, aunque no suavizará la penuria, siempre quedará ahí. Es decir, la imagen está negativamente connotada porque se asocia a la penuria, pero a la vez, en tanto que recuerdo (de su luna de miel) tiene un lado positivo. Las imágenes evocadas son bastante ambiguas.

Una de las imagenes “graves” en “Partida” es la de la luna:  “Bronce de sol, pátinas de acero de la luna, el desecho plomizo del mundo”. La luna en el arte siempre es algo grande, frío, sin vida, pero algo magnífico, mágico, algo que atrae atención a todos. La metáfora que emplea Sylvia Plath ofrece un paréntesis, que no queda muy claro si se refiere al recuerdo o a la penuria; probablemente lo primero, dado que incluye la evocación del sol (Sun’s brass = “el latón del sol”), de la luna (the moon’s steely patinas = “las aceradas pátinas de la luna”) y de la tierra (The leaden slag of the world = “la plúmbea escoria de la tierra”).Sin embargo, la evocación del sol, la luna y la tierra también es ambigua: el sol y la luna son luminosos, pero el primero no es de oro, sino de latón, y la segunda no es de plata, sino de acero; finalmente, y esto parece bastante significativo, la tierra es solo escoria plúmbea.

Otra imagen llamativa en este poema, a la que se tiene que prestar atención, es la del mar: “sin embargo siempre expuesto la península de roca áspera esconde la bahía azul de la ciudad contra ella la fuerza del mar abierto late, es brutal continuamente.”

(La traducción de estos versos en la Antología de edición de jesús Pardo es bastante incorrecta. El sentido es “El recuerdo no suavizará la penuria, / […] / pero siempre mostrará / el espigón de áspera roca que protege la azul bahía de la villa, / contra la cual el embate del mar abierto / golpea, es incesantemente brutal”).

Si las demás imagenes y figuas se representan en este poema con un lenguaje un poco más ligero y con colores más claros, en este verso el mar está mostrado como algo grande, fundamental e incluso amenazante. En los poemas posteriores, Sylvia Plath utiliza la imagen del mar para referirse a la figura de su padre o a lo que es la sociedad patriarcal, pero, puesto en el contexto del año 1956, que debía de ser feliz para Plath, podemos suponer que este momento, el de contemplar el mar furioso por ultima vez antes de marcharse de España, se le grabó en mente y lo relacionó con recuerdos que tenía de su padre y de allí empezó a relacionarlo con todo lo que es masculino.

La imagen final es extraña; puede ser simplemente costumbrista (las cabras paseando por la roca con concreciones salinas), pero a la vez la imagen de la barraca (hut) y de las cabras de paso tardo y pelo maloliente transmite una sensación de pobreza y de “cutrez” (como se diría hoy) que, por cierto, encaja bastante bien con la España de los cincuenta. Pero, por otro lado, esa misma roca ocre por donde se pasean las cabras mugrientas es una fuerte barrera que protege la ciudad del imparable ataque del mar, lo que obviamente la dota de connotaciones objetivas. Se podría decir que en todo el poema hay una combinación de observación objetiva (en clave neorrealista, muy de los cincuenta) y de evocación subjetiva, que podría adoptar (como quiere Jenney) la forma de la falacia patética, es decir, hacer que la naturaleza represente los mismos sentimientos que animan al protagonista (en este caso, el “yo lírico”).

“Los Los higos de la higuera del patio son de color verde;Verde, también, las uvas en la parra verdeque hace sombras en las baldosas de ladrillos del porche”. Este primer verso también hay que destacarlo, por muchos significados que puede tener ya sólo la palabra “verde” aquí. El primer significado, que podriamos darle, es el significado literal: los higos y las uvas están verdes, por que todavía no es la temporada de esas frutas, lo cual nos sitúa en el periodo de tiempo que describe Plath en este poema. El segundo significado que puede adquirir “verde” es el metafórico, el de “nosotoros todavía estamos verdes, somos jovenes, sin mucha experiencia” y “se nos terminó el dinero”. También “verde” podría ser el amor de Sylvia y Ted, que se casaron muy rápidamente desde el momento en que se conocieron y su amor, por lo tanto, es inmaduro, es espontáneo y sabemos que terminó mal. Es una coincidencia interesante que las frutas en el patio de la villa donde estaban Sylvia y Ted estuviesen verdes, como el amor de estos recien casados. El lector podría establecer una analogía entre estas dos figuras. Por último, la aplicación de la palabra “verde” en estos primeros versos, le da una sensación de frescura al poema desde el principio, de algún modo hace que el lectos se disponga a los sentimientos claros y ligeros. Sin embargo, el resto del poema rompe con esa expectativa.

De nuevo, la parte final del poema: “Foul de gaviota, un nido de piedradeja al descubierto su bajo dintel a las aguas corrosivas: a través de la protuberancia ocre de la piedra  cabras arrastran los pies, morosas, pelo rancio de succionar la sal marina”. Esas cabras de apestoso pelaje, pudieran ser las del corral que había al inicio de la calle Herrerías en Benidorm y que la poetisa las utilizaráen la composisión poética según sus intereses.  [En el texto inglés hay una errata, no es just, sino jut “saliente, protuberancia”.]

Todas las imagenes presentes en “Partida”, en su conjunto, componen una única imagen, la de un lugar concreto, y el modo en el que Sylvia Plath conjunta estos elementos nos permite ver esa imagen a través de sus propios ojos. Además, me gustaría añadir que, incluso sin saber que en este poema Plath habla de Benidorm, el lector, conociendo previamente la imagen de España, puede imaginarse precisamente este país antes que cualquier otro. Sí, es verdad que podría ser cualquier orilla del mar con cabañas, gaviotas y viento, pero los higos y las uvas son los que sugieren de algún modo que el lugar del que se habla es España.

Sylvia Plath fue una mujer muy sensible, fragil y, a lo mejor, débil, porque no pudo aguantar el peso de su vida y luchar contra las dificultades a las que le enfrentó su destino. Sin embargo, esa sensibilidad es lo que le permitía percibir el mundo en su profundidad y trasmitirlo en sus versos. Sin duda, fue una mujer con mucho talento que en su época no fue entendida y reconocida tanto como se merecía. Al leer sus poemas, escritos a partir de los finales de los años 50 y hasta su muerte, se puede sentir la tristeza y el dolor de esa mujer, muchas veces representados en frases filosóficas y figuras literarias como metáfotas y asindetones. Creo que los matices oscuros en “Partida” fueron inevitables ya que hacia este momento en 1956, ella ya había sufrido la muerte de su padre e intentó suicidarse una vez. Su vida, quizas, quedó marcada por la muerte y predestinada a tragedia, porque incluso en el poema que debería de guardar los recuerdos felices de su luna de miel, se encuentra la sensasión de amargura, aunque no la vemos desde las primeras estrofas, está escondida detrás de las palabras que nos prometen todo lo contrario.

 

 

 

 

 

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