Arte radiofónico

El arte también se escucha

Antes de empezar el análisis de las piezas que se consideran pertenicientes al “arte sonoro”, cabe explicar primero qué es el radioarte.

La radio siempre fue, lo es y lo será, un medio de comunicación importante. Hoy en día la radio se ha convertido en uno de los medios preferidos para conocer las noticias y escuchar la música a pesar de la repercusión que tiene Internet en nuestros dias. Todas las principales cadenas de radio trabajan según esquemas establecidos, los programas tienen estructuras y estilos parecidos, parece que ya no se puede inventar nada nuevo para este medio de comunicación.

“Sometida a la dictadura de la realidad, la radio de hoy no cuenta cosas, expone hechos. Y lo hace desnuda de arte. Reinventar la radio supone la construcción de nuevas poéticas sonoras capaces de enriquecer su expresividad” (Haye, Ricardo. La radio y los movimientos artísticos. De la dictadura de la realidad al debilitamiento expresivo. Telos, nº 70, 2007, pág. 1 ). Y precisamente, bajo esa dificil y comprometida premisa de “reinventar la radio” se encuentra el arte radiofónico de nuestros días, ese arte de sensaciones radiofónicas que “otorgan al medio una autonomía y una singularidad expresivas” (Iges, José. Arte radiofónico. Algunas líneas básicas de reflexión y actuación. Telos, 2009, pág. 1 ) que lo hacen imprescindible tanto como mediador de la realidad como creador de esta. Y es que, aunque la radio posee una gran capacidad informativa y goza de mucha credibilidad “en la vida no son todo noticias”, como bien afirma el autor Ricardo Hayes, por lo que este fabuloso medio también debería dar cobijo a la fantasía o la ficción en su máximo esplendor.

Aquí es donde entra en juego ese género, si es que en esa palabra puede encuadrarse, llamado radio-arte, definido por José Iges como “un arte de sensaciones radiofónicas”. A pesar de que las emisoras convencionales europeas no le dediquen mucho espacio a este tipo de arte, existen puntuales iniciativas comunitarias de algunos países europeos y, sobre todo, americanos, que hacen que no se pierda el arte en la radio.

La radio consiste en sonidos y, por tanto, para compensar la ausencia de la imagen, se necesita una riqueza sonora que encabece cada pieza sonora. Sí es cierto que, por elemplo, un boletín informativo debe ser construido por la información que ofrece, pero debe tener efectos sonoros de calidad que llamen la atención del oyente. Normalmente el oyente está acostumbrado a que no haya mucha riqueza sonora en la radio y ya ni siquiera presta atención a todo lo que oye más allá de las palabras. El oído, un sentido que nunca descansa, indiscutiblemente oye más de lo que escucha, y esto es algo que la radio puede intentar resolver.

Debido a la falta de imágenes en la radio, este medio de comunicación ha de ser comprensible, para hacer llegar las ideas al oyente. Los silencios y los efectos sonoros son absolutamente imprescindibles en la radio. Tal y como comenta de nuevo Iges, “una creación artística realizada para la radio tiene en cuenta (o debe tenerlo, si quiere ser un arte “para” la radio y no sólo “en” la radio) lo específico del espacio para el que nace”. Esto quiere decir que si los programas no son de una calidad sonora aceptable, no deben ser considerados productos radiofónicos, sino productos emitidos en radio.

Precisamente aquí se realizará un análisisde las piezas que son los ejemplos sonoros de calidad que componen Iberwave, es decir, los programas de radio arte en español que ha emitido la Radio Colonia.

Latidos (Heartbeats) -Hernán Risso

http://www.kunstradio.at/2013B/14_07_13.html

La primera pieza es “El latido del corazón” (Latidos) de Hernán Riss, inspirada en la obra de Julio Cortázar “La noche boca arriba”. En “latidos” las letras de Cortázar logran transformarse en sonidos.

La obra “La noche boca arriba” establece una división entre realidad y sueño, el protagonista cree que está soñando con una vida que desconoce, cuando lo cierto es que el sueño es lo real y lo real es lo fictício. Además en toda la obra de Cortázar encontramos esta división entre varias realidades: la vida y la muerte, lo cercano y lo extraño, el presente y el pasado. “Latidos” pretende precisamente plasmar estas divisiones que existen entre todo lo que nos rodea.

Hernán Risso consigue transmitir la preocupación del protagonista sin apenas emplear la voz, la palabra, el elemento del lenguaje radiofónicoconsiderado de mayor importancia (y necesidad) en el discurso radiofónico. Pues bien, ante el hecho de que “el predominio exagerado de la palabra somete a los mensajes al riesgo de la verborragia” ( Haye, Ricardo. Sobre el discurso radiofónico” en El arte radiofónico. La Crujía, 2004, pág. 46 ) y de la monotonía; Risso nos mete en un laberinto de ritmos, música, tonalidades, sensaciones… de modo que casi no se necesita la palabra.

En “La noche boca arriba” el protagonista es un joven que tras tener un accidente en motocicleta, es llevado al hospital y allí cae en una especie de coma-sueño en el que cree que es un indio Mexicano que huye de ser sacrificado por los aztecas durante “Las guerras floridas”. Cada cierto tiempo el joven despierta y vuelve a “la realidad” del hospital, pero esto cada vez ocurre con menos frecuencia.

En el comienzo escuchamos “y salían en ciertas épocas a cazar enemigos: le llamaban la guerra florida”, con esta breve sentencia el narrador nos sitúa en aquella lejana época de la historia mexicana en la que los aztecas salían a la caza de enemigos para inmolarlos a los dioses y ofrecerles su sangre. Pero a continuación, escuchamos latidos de un corazón (título de la obra), y nos trasladamos al presente gracias al sonido de pasos junto al motor de un vehículo (que gracias al libro sabemos que se trata de una motocicleta), el cual inequívocamente accidenta lo que provoca el ruido de la sirena de una ambulancia. El autor juega ya desde este instante, igual que Cortázar en su texto literario, con la confusión entre dos planos: el onírico y el real.

El conductor ha accidentado, pero al mismo tiempo se siente perseguido y en peligro, se encuentra tumbado en un hospital, le adviertem que “se va a caer de la cama si se sigue moviendo”; también está siendo arrastrado por indígenas como objeto de sacrificio. Pues la radio muestra esta división de una forma excepcional, muy detalladamente y lo hace además de una forma abundante en planos sonoros que introducen “la dimensión espacial” del relato más que el tiempo.

 En la pieza“Latidos”, se intenta reflejar este cambio de espacios, por un lado la gran ciudad contemporánea, llena de ruidos y tráfico, que queda definida por los sonidos de las sirenas de las ambulancias y los sonidos del hospital. Y por otro los ruidos de la selva amazónica de la época precolombina, los sonidos de la lucha, la persecución y la huida.

Con esta obra viajamos, en el tiempo y en el espacio, del siglo XX a la época precolombina, de la selva a la civilización y este viaje inmóvil (oído viajero) solo se consigue gracias a que los sistemas expresivos a través de los que se trasmite el mensaje radiofónico: la palabra, la música, el efecto sonoro y el silencio “basculan entre sí, difuminándose hasta confundirse los contornos que los delimitan” ( Iges José. El arte radiofónico como expansión del lenguaje radiofónico. 1997-2000, pág. 9 ); hecho de gran carga artística que permite que los planos real y onírico del personajeno choquen entre sí, sino que de una forma armónica, se fusionan y se disuelven a lo largo del relato.

La tensión y la desesperación del protagonista se notan en la confusión de los sonidos, de los ritmos y cadencias, en los silencios, las respiraciones entrecortadas, y los gritos de guerra. Pero también en el escaso uso de la palabra, que nos hace agudizar los sentidos para entender el significado de la pieza. Una sencilla introducción de un narrador externo: “y salían en ciertas épocas a cazar enemigos: le llamaban La guerra Florida” y algunas frases sueltas nos permiten reconocer la conexión entre esta pieza y la obra “El cielo boca arriba” y entender mejor esa división de sonidos que se establece durante los trece minutos de la pieza y que encuentra en los latidos del protagonista, reflejados en el electrocardiograma, su hilo conductor.

Argentina 78 remix –Fabián Racca

 http://www.kunstradio.at/PROJECTS/CURATED_BY/IBERWAVE/index.html        

En las tres piezas sonoras que componen esta obra radiofónica (El viento cruza la cancha, Después de tantas cosas que se dijeron y Nuestro corazón) podemos encontrar el uso del sonido con una conciencia política y social, rasgo común a todos los trabajos de radioarte pertenecientes al programa sociopolitical landscape o paisaje socio-político. En este caso concreto, Fabián Racca hace uso como fuente sonora exclusiva de los vinilos con las transmisiones de radio del Mundial de fútbol argentino de 1978 junto a la música que diversos compositores crearon para el evento. La mezcla de ambos componentes, a través de un tocadiscos y de un mezclador de muestras, adquiere una fuerte carga ideológica que nos transporta al pasado más oscuro de Argentina, al golpe militar del 76 y al florecimiento de una férrea dictadura.

Al escuchar esta obra, “nos asalta el indescriptible dolor de estar escuchando la banda de sonido de nuestro inconsciente fascista, cuando casi todo un pueblo eligió darle la espalda a la horrenda realidad para abrazar el sueño delirante del nacionalismo futbolero”. Y es que es precisamente ese contradictorio efecto el que experimentamosal escuchar esta obra; un mundo ruidoso, que necesita la adrenalina futbolera, pero en el que, al mismo tiempo, podemos apreciar la voz y los comentarios racistas del aclamado comentarista José María Muñoz, o las cada vez más habituales sirenas policiales: mundo ruidoso sí, pero que se destruye en silencio.

El fuerte contraste, la mezcla de los “ruidos de los hombres y los ruidos de las bestias” ( Attali, Jaques. Ruidos ensayo sobre la economía política de la música. Siglo21, 1977, pág. 11 ), el fanatismo futbolero de las ‘barras bravas’ argentinas envuelto en un ambiente de coacción de libertades y de desapariciones masivas, el “fácil mirar hacia otro lado” que Fabián Racca nos niega 35 años después, como pidiéndonos que ajustemos cuentas con el pasado, hacen de esta obra un limbo de reflexión necesario para conocer a costa de qué y de quién se han levantado los pilares democráticos de la sociedad argentina.

Por último, añadir que al otorgarle al sonido en esta composición tal carga política e incluso, de carácter cultural; en un principio nos cuesta situarnos y comprender qué se esconde más allá de las voces y gritos del Mundial argentino de 1978. Como oyentes fuera del contexto y la historia de Argentina, se vuelve imprescindible el poder volver a escuchar las piezas sonoras una y otra vez hasta que la ‘geometría del caos’ se entienda. La composición y orden elegidos por Racca son voluntarios, precisos, y el efecto que perseguía, se consigue en el oyente.

A modo de conclusión, añadir que como hemos analizado por nosotros mismos el readioarte no posee una única corriente sino que se compone de muchas y diversas tendencias, eso sí, todas ellas igual de válidas e interesantes a la hora de renovar un espacio radiofónico anclado en su predecible ‘zona de confort’, es decir, en lo que ya es conocido, y por lo tanto, se hace sobre seguro. Es el momento de innovar, de sacar el máximo partido a la tecnología radiofónica e incluso, al propio sentido del oído. Cómo también hemos comprobado, se están llevando a cabo proyectos y el arte radiofónico va asentándose cada vez más como una práctica habitual entre los profesionales del medio y quienes simplemente comparten esta inquietud por las ondas.

En una sociedad que parece tener siempre prisa, no hay demasiado espacio para la experimentación ni para el arte, ese es la causa fundamental que provoca que el radioarte quede relegado cada vez más a sus propios espacios sonoros, lejos de las radios comerciales que centran en la información y el entretenimiento sencillo su agenda sonora. En palabras de José Iges el problema de la radio como arte reside, entre otras cosas, en que “requiere una escucha diferente o, sencillamente, una “escucha”” y no todo el mundo esta dispuesto ha ser un oyente no sólo pasivo, sino más activo que nunca.

El radioarte necesita de una conexión total con el espectador que debe tener una cierta inquietud de entender lo que escucha, de pararse un momento y analizar que se le quiere decir con una u otra pieza, cual era el objetivo del autor y que consigue transferirnos y hacernos sentir al escucharla.El radioarte es una nueva experiencia artística, desconocida para la gran mayoría pero que consigue, como todo aquello que se considera arte, hacer brotar algún tipo de inquietud dentro del que lo percibe. Para bien o para mal, nos guste o no, el arte radiofónico como todo arte, consigue su objetivo principal: No dejar indiferente al que lo escucha.

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